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Pienso, luego Siento: Cambiando tu diálogo interno

¡Hola! Hoy Coruña Coaching te trae Pienso, luego Siento: Cambiando tu diálogo interno. Tenía muchísimas ganas de escribir este post, porque trata sobre un tema que a mí me ha ayudado muchísimo, así que  espero que a ti también .

Comenzaré pidiéndote que imagines una situación. Primero, me gustaría que pensaras en la persona que más quieres en este mundo. Sí, una, la que más o una de las que más. Esa por la que sientes un amor incondicional. ¿La tienes? Perfecto.

Imagina por un momento que alguien le está diciendo a esa persona cosas como: qué tonta/o eres, tú tienes la culpa, eres un desastre, siempre igual, mira que eres torpe, estás gordísimo, no sirves para esto o para aquello otro, no lo conseguirás, etc…Supongo que te dolería y te enfadarías mucho. Incluso que intervendrías para ponerle freno a esa situación, para defender a esa persona a la  que quieres tanto.

Ahora me gustaría que te imaginaras una segunda situación. Piensa que es tu ser querido quien se dice a sí mismo todas esas frases agresivas y que le hacen tanto daño. Estoy segura de que en alguna ocasión esto ha ocurrido. Y también de que le habrás dicho a esa persona que no se hable así, que no sea tan duro con él mismo. Es más, estoy convencida de  que le has planteado alternativas a esas cosas tan desagradables diciéndole todo lo bueno que tiene y que para nada es una persona así. Que lo que dice, no se corresponde con la realidad.

¿Y cuando se trata de ti?¿Eres consciente de cómo te hablas a ti mismo? ¿Haces algo para cambiar tu diálogo interno y así, respetarte y quererte?  

El diálogo interno es esa permanente conversación que tenemos con nosotros mismos, diciéndonos cosas, evaluándonos, comentándonos lo que está bien o mal. La mayoría de las veces pasa desapercibido.

No somos conscientes de cómo nos hablamos. Lo tenemos tan incorporado que ni nos damos cuenta.

El problema, es que en un porcentaje muy alto, este tipo de pensamientos son negativos y destruyen nuestra autoestima, condicionándonos e impidiéndonos sentirnos bien y desarrollar nuestro potencial. Nos hacen sufrir.

Es frecuente ser más duros con nosotros mismos que con los demás. Desde machacarnos  cuando algo no nos sale bien hasta vivir permanentemente dándole vueltas a todo, una y otra vez, sin llegar a ningún sitio, desgastándonos y sintiéndonos infelices.

Nuestros pensamientos tienen un poder increíble. Conforman nuestra realidad, de hecho, somos lo que pensamos. Afectan a nuestros sentimientos. Y digo nuestra realidad, no “la realidad”. Porque realidad sólo hay una, real, objetiva. Y cada uno la interpretamos a nuestra manera. No podemos controlar la realidad, pero sí elegir qué pensar sobre ella.

En función de lo que pensamos, nos sentimos, y así actuamos en consecuencia.

 

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Te pongo un ejemplo: He quedado con una amiga para comer hoy y a última hora, me ha enviado un mensaje anulando nuestra cita. De repente mi cabeza se dispara y empiezo a pensar cosas de este tipo: menuda informal, siempre lo mismo, debo tener cara de idiota, yo que lo he dejado todo por ir a comer, se me ha fastidiado el día…¿Cómo crees que me sentiré con ese tipo de pensamientos? No hace falta tener mucha imaginación: rabiosa, frustrada, triste, manipulada, etc.

Sin embargo, si pienso que esa amiga ha tenido una buena razón para anular su cita conmigo, o  que puedo aprovechar ese tiempo para hacer otras cosas que me apetecían, te aseguro que mi estado anímico, mis sentimientos serán otros. ¿Lo ves? La misma realidad pero cambia lo que pienso sobre ella, y en consecuencia, cómo me siento también.

Así que si quieres sentirte bien y vivir lo más feliz posible, pon atención a lo que piensas, a lo que te dices.

Pero…¿Podemos cambiar nuestro diálogo interno? Por supuesto. Generando nuevos hábitos de pensamiento, creando nuevos surcos neuronales que nos apoyen a pensar de otra manera, más positiva. Se trata de aprender a pensar diferente. De ser tú quien controle tus pensamientos y no tus pensamientos a ti.

Como todo hábito, para generarlo requiere esfuerzo y constancia, entre otras cosas (ya te hablaré de los hábitos y sus características en otro post). Pero claro que se puede. Aquí te dejo unas claves para que empieces a hacerlo:

Primero, como siempre, toma conciencia. Estamos tan acostumbrados a hablarnos y pensar de una determinada manera, que muchas veces ni nos damos cuenta.  Pon el foco en ello. Al principio muchas de las cosas pasarán desapercibidas, pero cada vez te darás cuenta de muchas más. Si te ayuda, puedes escribirlo.

No consiste en juzgarte y machacarte  cuando seas consciente de lo que te acabas de decir o pensar. Guarda el látigo. Simplemente observa. Sin más juicios.

Razona tus pensamientos. ¿De verdad eres una inútil porque no te salió como tú querías?¿ “Siempre” haces todo mal? ¿O hay veces o determinadas cosas que haces muy bien? ¿”Nadie” te entiende? ¿Existe la más mínima posibilidad de que eso que temes no ocurra? Y si ocurre…¿Qué puedes hacer al respecto? ¿Todo lo malo te ocurre a ti? ¿Todo? ¿Sólo a ti?

Reemplázalo por un pensamiento positivo. Cuando te des cuenta que te estás diciendo cosas negativas, sencillamente dales la vuelta. Se trata de ser realistas, no de mentirnos. Este es un ejercicio que cuesta, pero como todo, cuanto más te entrenes en ello más fácil te va a resultar. Es reeducar tus pensamientos. Te puede ayudar, si lo ves difícil, pensar en qué te diría a ti alguien que te quiere, o qué le dirías tú, siendo en todo momento realistas. Por ejemplo:

  • Eso no es verdad. Yo hago muchas cosas bien. Cometo errores, pero estoy aprendiendo de ellos.
  • Esta es una situación difícil, pero tengo recursos suficientes para afrontarla y salir fortalecido
  • No lo conseguí en el pasado, pero ahora puedo hacerlo.

 

No pienses, actúa. Muchas veces tenemos pensamientos recurrentes que nos sumergen en una espiral de la que nos es difícil salir. Parecemos un disco rayado. Seguimos alimentándolos una y otra vez. Pero puedes hacer algo al respecto. Haz algo, cualquier cosa, actúa. Ponte en movimiento y ocúpate en algo. Desde dar una vuelta a ordenar un armario o cantar una canción, cualquier cosa vale. Pero ponte en acción. Te ayudará a salir de donde estás.  Recuerda esta frase: Análisis=parálisis.

Elige. Yo cuando soy consciente de que estoy dándole vueltas algo y no me siento muy bien, siempre me hago una pregunta que me ayuda a saber dónde me encuentro: Este pensamiento…¿Me apoya o me perjudica? La respuesta te la dará el cómo te sientas.  Si te perjudica, ya sabes, no le des más alimento. Tú eliges cómo quieres sentirte. Elige descartarlo.

Practica todos los días. Cada vez te resultará más fácil y pondrás tu diálogo interno a tu favor. Convertirás esa vocecita en tu aliada. Conseguirás que sea más positiva, y con ello, te sentirás mejor, aumentará tu autoestima y serás más feliz.

Y por último, compréndete. No eres perfecto. Nadie lo es. Así que empieza a aceptarte tal y como eres. A valorarte y reconocer todo lo bueno que tienes, que son muchas cosas, más de las que crees. Y perdónate. Sí, cuando algo no te salga bien, cuando te equivoques, cuando no actúes como te hubiera gustado. Perdónate. Porque eres la persona más importante de tu vida y te mereces ser feliz.

Esto es todo por hoy. Coruña Coaching te trajo Pienso, luego Siento: Cambiando tu diálogo interno. Espero que te haya servido para ser un poquito más consciente de cómo te hablas, y así cambiarlo y ser más feliz.

2 Comments
  • Silvia Trigo
    Posted at 12:53h, 13 diciembre Responder

    Me encanta como, con tus palabras y tus consejos, puedes ayudar a hacer cambios en las personas.
    Hemos sido expertas en esos diálogos internos y la diferencia entre el antes y el después es increíble, con esto quiero decir que lo que pones sobre la práctica de generar nuevos pensamientos, funciona.,

    • Patri Human Coaching
      Posted at 13:06h, 13 diciembre Responder

      Gracias Silvia,
      Si, en eso creo que todos tenemos mucha experiencia. Lo bueno es que se puede cambiar, y sí, funciona. Sólo hay que querer hacerlo y practicar. Y…¡magia!
      ¡Te mando un abrazo inmenso!

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