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El poder de las creencias

Hoy te quiero hablar sobre el poder de las creencias, y cómo afectan a nuestra vida. Pero antes, te hablaré de qué es una creencia.

Las creencias son el motor de nuestras conductas. Están basadas en las opiniones, que cuando se repiten muchas veces por muchas personas, sobre todo por aquellas que han sido referentes para nosotros, cogen fuerza y pasan a ser verdades absolutas. Es como un sentimiento de certeza, sobre nosotros mismos  y el mundo que nos rodea.

Antes de los cuatro años de edad, no tenemos filtros, y somos como esponjas, recibiendo un montón de información, que no podemos cuestionar. A medida que vamos creciendo, vamos experimentando situaciones, que van apoyando, contrastando y moldeando, poco a poco, nuestra personalidad, y la idea que de ella tenemos.

También depende de los “aplausos” o “regaños” que recibamos de nuestro entorno, el cómo vayamos conformando nuestro “software” de base. Y llega un momento, en el que creemos que somos de una determinada manera.

Se genera un autoconcepto….un “yo soy así” .Y observamos el mundo desde nuestra perspectiva, creyendo que es tal y como nosotros lo vemos. Y en consecuencia, actuamos de acuerdo a ello, a lo que creemos.

Muchas de esas creencias son potenciadoras: nos impulsan a ser mejores y conseguir lo que nos proponemos, siendo así más felices. Pero otras tantas, son limitantes: nos bloquean, paralizan y coartan nuestras posibilidades.

La buena noticia es que podemos cambiar las que nos limitan por otras que nos apoyan. Tomando conciencia primero de cuáles son.

 

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Hasta hace unos años, una de mis creencias limitantes era esta: “yo soy débil”. Me pasé años creyéndomelo y viviendo experiencias, que, desde esa creencia, no hacían sino confirmarme, de una u otra manera lo débil que era. Recuerdo el día, en que un amigo, psicólogo de profesión, me dijo una frase, hablando de una situación concreta, que me dejó pasmada: “Patri, eres una persona muy fuerte”.

¿Cómoooo? ¿Perdón? ¿Pero cómo puedes decirme eso, si yo soy débil?

Recuerdo que tras enumerar las distintas situaciones a las que me había enfrentado y salido airosa en mi vida, mi cara era un auténtico poema: No daba crédito a lo que acababa de escuchar…había tomado conciencia no sólo de mi fortaleza, sino de todas aquellas cosas que ni siquiera había intentado hacer porque como era débil, no valía para ello.

Otra creencia limitante que tuve durante muchos años era “yo no tengo sentido de la orientación”. Es más, era una creencia familiar: mi madre y mi hermano tampoco lo tienen. Es algo que siempre se ha dicho en mi casa. Os podréis imaginar lo que supuso para mi irme sola a Madrid a formarme como Coach, ¿verdad? Me imaginaba perdiéndome continuamente, sin llegar jamás a mi destino, en medio de la nada.

Tenía que planificar las rutas, a pie y en metro, 300 veces antes de hacerlas, porque yo, repetía una y otra vez, no sabía orientarme. La cuestión es que jamás me perdí ni llegué tarde a mi destino.

Fue un aprendizaje tan grande y una experiencia tan valiosa, que a veces ahora echo de menos esa sensación de autosuficiencia que viví allí y me dedico a meterme por caminos inexplorados para ver a dónde me van a llevar. Incluso estoy pensando en hacerme un viaje sola…Pero…cuántas veces no he ido a un sitio por miedo a no saber llegar?

Estas son sólo 2 ejemplos de las mías. Hay muchos más. Y seguro que tú también coleccionas alguna de ellas. Somos un saquito de creencias. Algunas, hasta están instauradas socialmente y nos condicionan de igual manera a la hora de actuar , de relacionarnos con los demás y enfocar nuestra vida:

-Los hombres no lloran.

-Quien bien te quiere, te hará llorar.

-La vida no es fácil

-Para presumir hay que sufrir

-Las rubias son tontas

-No todos valemos para estudiar

-Nadie da nada a cambio de nada

-Los hombres son infieles por naturaleza

-y un largo etc.

Una vez que sabemos el poder que tienen las creencias, es importante estar atentos para poder identificar aquellas que nos limitan y no nos dejan avanzar. La clave es detectarlas y querer crear otras nuevas, que nos posibiliten y apoyen para alcanzar lo que queremos. Ser conscientes de que son creencias, no realidades. Y desde ahi, poder centrarnos y apoyarnos en aquellas que nos ayudan a ser más felices.

Me encanta esta frase de Henry Ford, que resume muy bien este post sobre el poder de las creencias, así que la comparto contigo:

“Tanto si crees que puedes como que no puedes, estás en lo cierto”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4 Comments
  • Mary
    Posted at 17:06h, 27 abril Responder

    Precioso y gratificante post, Patricia.
    Cuantos recuerdos acuden a mi mente tras leerte. Cuantos “limitantes” que, afortunadamente, ya pertenecen al pasado; pero cuanto costo identificarlos, “asumirlos” y por ultimo cambiarlos.
    Todo un proceso, arduo, complicado, pero al final (que resulta ser mas corto y sencillo de lo que imaginamos) tan revelador y gratificante…
    Gracias una vez mas por acercarte y acercar-nos tan sabias reflexiones que nos sirven de recordatorio de lo que ya “no queremos en nuestra vida”.
    Sigue adelante porque sin duda,el deseo que mencionaste en la entrevista de” Baballa”, esta siendo realidad: estas ayudando a otros a ser mas felices.
    Gracias

  • ofelia García
    Posted at 00:05h, 28 abril Responder

    Grandes verdades!!!
    Somos capaces de lo que queremos y nos proponemos, mas allá de lo que creiamos

  • Juan José González Lugris
    Posted at 19:21h, 28 abril Responder

    Que verdad tan grande, Patricia. Así así 👏👏👏😂👌

  • Maria Jose Cuiñas
    Posted at 22:48h, 30 abril Responder

    Me encanto guapa!!! cuantas creencias que nos limitan….. me encanto !

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